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sábado, 24 de enero de 2015

No Diluyas el Mensaje.



1 Corintios 13:9 "Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos"

Partiendo del punto de vista que: Profeta es todo aquel que profiere la Palabra de Dios o predice por el Espíritu un hecho futuro por revelación Divina. Necesitamos comenzar por entender que ninguno tiene licencia para "Diluir ese mensaje"; Hablando más por su conocimiento que por la Palabra enviada por Dios.
La tendencia del hombre que dice conocer al Señor pero no le conoce, es imponer sus opiniones usando textos bíblicos sacados de contexto para manipular basado en dogmas, reglas, religiosidad o antojos personales a quienes se les esta impartiendo La Palabra. 
He entendido claramente que ningún esfuerzo humano puede cambiar el interior de los hombres. Solo El Padre tiene el poder de quebrantarlo y hacerlo encarrilar por la Senda correcta- La fuerza humana solo entorpece la buena obra que ya Dios comenzó.
A los cristianos nos ha sido dada autoridad ¡claro que si! Pero el Espíritu Santo es quien nos indica, cuando, donde, con quien ejercerla...y hasta donde.
Dice 1 Corintios 8:2 Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como debe saber.
El verso inicial viene tocando un tema básico y primordial en la vida de cada creyente: "El Amor"; Aclarando que no hay don ni manifestación que valga, si no viene cargada de ese amor que proviene de Dios.
A veces podemos discernir hasta donde habla Dios y a partir de donde es el hombre quien habla cuando recibimos una Palabra. De eso se trata la aseveración: En parte conocemos y en parte profetizamos.
Debemos tener mucho celo y cuidado con eso, porque la manipulación es un "principio de hechicería", donde se disfraza el mensaje para alcanzar un fin personal o dominar las circunstancias.
Es necesario esforzarnos a diario por conocer mas al Eterno y Su Palabra, solo así no nos dejaremos engañar ni envolver por mensajes montados.
Dice Hebreos 12:2 Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de El procede nuestra fe y El es quien la perfecciona... 
Vivimos tiempos proféticos que exigen madurez, tanto espiritual como emocional. Eso implica quitar la mirada de los hombres u organizaciones y colocarla únicamente en Dios. 
Afinemos nuestros sentidos espirituales y guardemos nuestro corazón para no ser falsos mensajeros ni caer en la trampa y el engaño del enemigo. Perfeccionemos la santidad en el temor al Señor.

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