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jueves, 14 de mayo de 2015


Experimentando el 

amor de Dios.


Judas 20,21 "Pero ustedes, edificados sobre la santísima fe, orando en el Espíritu Santo, consérvence en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida Eterna"

Muchos de nosotros, aun no hemos entrado en la plenitud del disfrute del amor del Señor. Quizás unos hayan penetrado hasta los tobillos, pero hay un océano de Su amor donde El quiere que nademos.
A lo mejor tenemos teoría, teología y certeza del "perfecto amor del Padre" y no dudemos de Su amor para con nosotros, pero hay más que eso... Necesitamos abrirnos, anhelarlo, sumergirnos y desear experimentar a plenitud ese amor Divino.
Uno de nuestros mayores errores es comparar el amor de Dios con el humano, que a veces es condicional y hay que hacer algo para merecerlo- Dios es amor, nos creó con amor, nos salvó por amor, nos hizo Sus hijos y herederos simplemente por amor, nos espera en nuestra cita diaria por puro amor, somos producto de Su amor; Sencillamente porque Su esencia es amor puro, sobrenatural y sublime.
Dice Jeremías 31:3 Jehová se manifestó a mi diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongaré mi misericordia.
Cuando entendemos la verdad del amor de Dios hacia nosotros y se convierte en una experiencia diaria, nuestra vida cambia a ser una aventura maravillosa donde podemos ver Su amor en cada detalle. 
El secreto de una vida vencedora radica en entender ese amor. Algunos desconocen que su mayor arma contra los ataques del maligno es estar plenamente convencidos del amor de Dios hacia ellos, por medio de la revelación del Espíritu Santo.
Dice Job 32:26 Orará a Dios, y este le amará, y vera su faz con jubilo; y restaurará al hombre su justicia.
Cuando el Padre amaba a Jesús antes de la eternidad, también nos amaba a nosotros porque veía en El la vida de cada uno de Sus hijos. Cuando solo eramos un pensamiento en Su mente, ya nos amaba... Nos amó como pecadores y nos ama como redimidos; Nos amó desde antes de que el mundo fuera porque Su ser no tiene inicio no fin, nos tiene esculpidos en la palma de Su mano y a diario nos dice: "Mio eres tu". 
El no dejará de amarnos porque dejaría de amar a Su hijo Jesucristo. 
"El Padre, cuando había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Juan 13:1). 
Asume ese perfecto amor, acéptalo, recíbelo, abrázalo- ¡El te ama, El me ama, El nos ama!

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