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martes, 30 de junio de 2015


Reedificando el Templo.


Hageo 1:7,8 "Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Mediten sobre sus caminos. Suban al monte, traigan madera y reedidiquen la casa; y pondré en ella mi voluntad y seré glorificado"

Una de las artimañas del enemigo de nuestras almas siempre ha sido "mantenernos distraídos"; Así hace que nos desenfoquemos y sea desordenado nuestro orden de prioridades.
En esta oportunidad el pueblo de Dios había salido del cautiverio deseoso de adorar en el Templo original ubicado en su nación- Su prioridad era restaurar el Altar del Señor que estaba en ruinas. Pero con tantas demandas y necesidades que traían, comenzaron, pero se detuvieron para ir a edificar casas lujosas y hacerse de bienes materiales.
Les sucedió, que mientras más arduo trabajaban e invertían para si mismos... Menos tenían y no veían el fruto de tanto esfuerzo; Por hacer las cosas a su manera y conveniencia sin el respaldo del Padre- Cayeron en un sentido de insatisfacción por todo.
Dice Hageo 1:6 Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no se sienten satisfechos; beben, pero quedan con sed; se abrigan, pero no entran en calor; Y el que trabaja a jornal, echa su salario en saco roto.
Dios manda que nos revisemos. Dice que consideremos nuestra conducta para que entendamos que por mucho esfuerzo aunque parezca legitimo, es vano por no ser Su Voluntad para ese momento. 
Las presiones, demandas, expectativas y tareas nos exigen mucho: ¡Haz esto! ¡Tienes que estar aquí! ¡Termina esto! ¡Esta es tu responsabilidad! La familia, el jefe, los estudios, las amistades, la iglesia y los proyectos personales, todos demanda tiempo y esfuerzo de nuestra parte, y nos agotan- Y al momento de edificarnos como templo del Señor estamos exhaustos y le damos migajas. Atendemos lo inmediato, lo necesario, lo urgente, pero dejamos a un lado "Lo Importante".
Dice Hageo 1:9-11 ...Pues mi casa esta en ruinas, mientras ustedes se ocupan solo de sus propias cosas. Por eso no cae para ustedes la lluvia, ni la tierra le da sus productos. Yo fui quien trajo la sequía en todo... 
Si decimos que Dios es el numero uno, no lo dejemos de ultimo. 
El desafió es hacer del Eterno una real prioridad, que restauremos nuestra relación de vida devocional y servicio a El como nuestro principal deleite, a finalizar todo aquello que hemos comenzado para El, a poner nuestro estado espiritual por encima de nuestro deseo por lo material, a amarlo con palabras y con hechos.
Solo así podremos ver el fruto de nuestro esfuerzo en el resto de las cosas y lloverán bendiciones inesperadas.

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