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lunes, 21 de septiembre de 2015


¿A qué distancia 

le sigues?


Lucas 22:54 "Y arrestándole, se lo llevaron y lo condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos"


Mi Señor Jesucristo, en el tiempo de Su Ministerio aquí en la tierra, vivió apretujado entre la multitud que le seguía para "recibir Su Favor", por ser la sensación del momento- Ese personaje del que todos hablaban por Sus milagros y forma de ser.
En una oportunidad tuvo que montarse en una barca retirada de la orilla para poder enseñar, porque la multitud lo agolpaba. Unos lo mirabas desde atrás, otros desde la orilla, pero solo sus discípulos se montaron en la barca y fueron mar adentro. Cada quien decidió a qué distancia seguirlo y su nivel de entrega y responsabilidad con El Maestro.
¿Desde qué distancia le sigues?
Dice Lucas 12:1 En estas circunstancias, cuando una gran multitud de miles y miles se había reunido; tanto que se atropellaban unos con otros, Jesús comenzó a decir primeramente a Sus discípulos: Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la "hipocresía".
Y es que nuestro Salvador sabia que la mayoría de sus seguidores solo buscaban Su mano para hallar su favor, y no Su corazón para llegar a ser parte de Su ejercito de adoradores e hijos legítimos.
Dice Santiago 4:8 Acérquense a Dios, y El se acercara a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; Y los de doble animo, purifiquen sus corazones.
Un día antes y al momento de "Su crucifixión"- En la Pasión de Cristo , no estuvo ninguno de los que recibieron sanidades, milagros o liberación...Esos que le apretujaban, estuvieron con El. ¿Donde estaban los agradecidos, qué del pueblo comprometido y los desechados que El recibía con amor?
Es tiempo de amalgamarnos a Cristo y hacer lo posible por estar con El en todo.
Les dejo el trozo de una canción que ministró mi vida: 
El es el que escupes cuando ignoras Su llamado; El que niegas cuando olvidas que existe; El que golpeas cuando Su ayuda rechazas; El que burlas cuando Su poder subestimas; El que desnudas cuando Su imagen lastimas. El no es quien tu quieres sino quien tu necesitas; si buscas Su corazón, Su mano estará extendida.
Que tu cercanía a Dios sea tan estrecha, que logres escuchar los latidos de Su corazón hablando a tu vida.

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