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viernes, 25 de septiembre de 2015

No hay bondad 

en Ninguno.


Romanos 3:10,11 "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios"

Meditando con mi Señor, le expresaba mi asombro al experimentar tanta maldad en los hombres. Y mi Padre me recordó el versículo que cite inicialmente, llevándome a reflexionar también sobre mi condición interior.
El apóstol Pablo, en la frase "No hay justo ni uno", se refiere a que nadie es inocente. Todos somos valiosos ante los ojos de Dios porque el decidió amarnos y crearnos a Su imagen, pero en realidad nadie se ha ganado el estar bien con Dios por mérito propio.
Dice Marcos 10:18 ...¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.
Según su parecer, muchos se sienten justos, buenos y muy correctos; mirando a los que pecan diferente a ellos con asombro. Y aunque ciertamente podrían tener mayor temor a Dios que aquellos, a conciencia que "todos tenemos un área débil con la que luchamos a diario"- La diferencia es, que el verdadero cristiano "muere al yo diariamente" con el fin de obedecer y agradar el corazón del Padre.
Dice Salmos 143:2 No entres en juicio con tu siervo, porque no es justo delante de ti ningún viviente.
Y es que el que dice que no peca se engaña a si mismo. La salvedad está en que los hijos de Dios fuimos liberados de la "esclavitud" al pecado.
Humanamente, no deja de afectarnos, el hecho de vivir en carne propia la maldad propiciada por personas cercanas o de quien menos lo esperamos; Pero mientras vivamos en este mundo, debemos entender que es parte de la vida, por lo tanto es necesario asumirlo con madurez, amor y entereza- Aprendiendo de cada experiencia e insistiendo en seguir el ejemplo de Jesús.
Requerimos de mucha oración para mantenernos protegidos, de discernimiento para estar alertas y frutos espirituales para reaccionar correctamente.
Recordando que el Eterno tiene una respuesta para cada interrogante y Su Palabra una directriz a seguir en cada situación.
El es sumamente justo y sabrá que hacer a nuestro favor siempre. Sencillamente dejemos todo en Sus manos y no permitamos que la aflicción ni la maldad del hombre nos endurezca el corazón.
Vamos a entender lo siguiente: No se trata de creernos inocentes, sino de ser probados por el cielo y resultar aprobados como vencedores. En pocas palabras: Vencer con el bien el mal.

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