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martes, 21 de abril de 2015


Daremos cuenta...


Romanos 14:12 "De manera que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí"

Hoy he venido a refrescar una verdad: Cada persona es responsable de todo lo que hace o dice ante Dios, no ante otros. Y aunque la iglesia no debe transigir en cuanto a las actividades prohibidas por Las Escrituras, tampoco debe crear reglas adicionales ni regulaciones que consideren al mismo nivel que lo establecido por la Biblia saboteando el lugar del Espíritu Santo. Muchas veces los creyentes o lideres religiosos basan sus juicios morales en episodios personales o prejuicios culturales antes que en la Palabra de Dios-Cuando hacen esto muestran debilidad en su fe, pensando que el Señor no tiene el suficiente poder para guiar a sus hijos.
Esta porción a los romanos viene hablando entre los débiles y los fuertes en la fe, y hace un llamado de atención para que cada cristiano se ocupe primero de su vida y revise las intenciones de su corazón antes de corregir o querer enseñar a otro.
Dice 2 Corintios 5:10 Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.
¡Somos tan buenos maestros y tan malos alumnos! ¡Tan analíticos de los demás y poco minuciosos con nuestro juicio personal! ¡Se nos hace tan fácil diagnosticar la condición del prójimo, pero nos falta tanta humildad para reconocer nuestras fallas! Es momento de revisarnos...
Dice Mateo 12:36 Y yo les digo: que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio.
Por algo la biblia señala, que quien controla su lengua, logrará controlar todo su cuerpo.
Esos comentarios vacíos de contenido que hacemos para quedar bien o para que nos den la razón, y hasta para humillar a nuestro prójimo manipulando una situación, quedarán escritos en los "Registros celestiales" y daremos cuenta por ellos.
Por eso: hablemos, actuemos y juzguemos en el temor del Señor; porque no podremos evadir el fruto de nuestra cosecha y el destino de encontrarnos con Cristo, ya no como Cordero que quita el pecado del mundo sino como el juez de toda la tierra.

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