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jueves, 13 de agosto de 2015


Desacuerdos.


Hechos 15:39 "Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarco rumbo a Chipre"

Pablo y Bernabé, dos hombres de Dios, tuvieron un serio desacuerdo sobre Marcos. Pablo no quería llevarlo en su viaje misionero porque los había abandonado en una oportunidad; Y esta discrepancia originó que ambos predicadores encabezaran diferentes equipos en lugar de uno. Aunque Dios obró en medio del conflicto y más tarde Marcos llegó a ser muy útil en el ministerio de Pablo.
La falta de acuerdo siempre se va a presentar mientras vivamos en este cuerpo de carne, aun andando en el Espíritu no estamos exentos de este tipo de situación. De vez en cuando nos vamos a encontrar con falta de aceptación, diferencia de opinión o cierta predisposición- Pero lo importante es asumirlo con sobriedad y responsabilidad. Hay que reconocer francamente el problema evitando echar la culpa a otro, no usar manipulación ni auto compasión, y buscar con madurez una solución positiva sin engancharse, por medio de un planteamiento abierto bajo la dirección del Espíritu Santo.
Dice Eclesiastes 7:20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.
Nos encontraremos con personas de corazón dócil que acepten la verdad, sin embargo no han tenido la oportunidad de familiarizarse con esa realidad. Habrán otros que no hagan ni un mínimo esfuerzo para doblegarse y buscar dirección Divina. Algunos manejarán ciertas verdades, pero de forma inadecuada y anti bíblica. Y solo unos pocos tendrán disposición de mediar buscando una solución donde quien gane sea el Señor.
La mayor piedra de tropiezo para resolver los desacuerdos es "El Orgullo" acompañado de ideas erradas preconcebidas y la falta de amor.
Dice Santiago 3:2 Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es hombre perfecto capaz de refrenar todo su cuerpo.
Cuando afrontemos algún desacuerdo, lo debemos hace con la guianza del Señor y no reaccionar bajo el impulso del enojo o la impotencia; Porque deterioramos nuestra comunión con el Padre y dañamos a otros... 
Necesitamos mantener la calma, no defendernos de inmediato, pedirle a Dios que nos muestre si el problema es culpa nuestra, perdonar a quien no agravió evitando sacar a relucir conflictos viejos y asegurarnos de que el problema no se repita. 
Con la ayuda del Eterno siempre seremos restauradores, pacificadores y objetos de Su amor.

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