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martes, 25 de agosto de 2015


Imitadores de Cristo.


1 Juan 2:6 "El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo"

El centro del cristianismo es "Ser como Jesús", andar como El anduvo, ir a donde El iría, reaccionar como lo haría Cristo y amar como El nos amó.
Si el Espíritu Santo reside en nuestro corazón, no hay excusa para decir no puedo ser imitador de mi Salvador; Pues justamente vive en nosotros como "ayudador".
Jesucristo, nuestro hermano mayor es: amoroso, benigno, compasivo, confiable, considerado, humilde, creativo, decidido, diligente, disciplinado, discreto, fiel, gozoso, justo, honesto, manso, leal, misericordioso, paciente, perdonador, pacífico, responsable, respetuoso, seguro, sincero, tolerante valiente...El aceptaba a la gente tal cual es, con la salvedad de atraerla a Sus brazos de amor para bendecirles.
Dice Colosenses 1:28 Nosotros damos a conocer a Cristo a todos, aconcejándoles y enseñándoles con toda sabiduría que Dios nos da, pues queremos presentarlos a todos ante El, espiritualmente maduros en Cristo.
Cristo es el fin único de la educación cristiana; canalizada con el propósito de formar Su carácter en nosotros, para nuestro crecimiento espiritual y testimonio ante la gente- Ser como Jesús, es la única cosa que nos llevaremos a la eternidad.
Por lo tanto, mas allá de dar un mensaje que provea información, debemos tener claro que este debe ir canalizado a un cambio de vida para bien y para siempre.
Dice Juan 13:15 Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que Yo les he hecho.
El carácter se construye en la vida diaria, en el roce con nuestro prójimo y en la intimidad con el Señor. Dios usa las circunstancias para desarrollar nuestro carácter y guiarnos a una madurez integral: Perdonando, callando, muriendo al yo, escuchando, evaluando cada situación, reaccionando en amor, etc. Porque es justo allí, donde elegimos cuando somos tentados a hacer lo contrario que El haría.
Si hacemos lo correcto, crecemos y nos acercamos más a la meta de ser como nuestro Maestro- Si respondemos a la manera de Dios, maduramos y agradamos Su corazón, dejando brotar los frutos del Espíritu. 
Aprendamos a comunicar las verdades en amor, a no dejar la vida devocional por los afanes de este mundo, a usar la autoridad correctamente; Seamos ejemplo en amor, espíritu, fe y pureza. Actuemos más y hablemos menos. 
Que ser como Jesús, sea esa prioridad por la que nos esforcemos diariamente para traer Su gloria a la tierra y marcar la diferencia.

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