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lunes, 12 de octubre de 2015


Defiende tu cosecha.


Jueces. 6:1,3 "Pero los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Señor, y durante siete años los entrego al poder de los madianitas...Siempre que los israelitas tenían algo sembrado, los madianitas, los amalecitas y la gente de oriente los atacaban...destruían la cosecha...sin dejarles nada que comer, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos"

Esta historia se registra en tiempos del llamado de Gedeón. Donde el pueblo de Dios adoptó los cultos idolátricos de las regiones vecinas desobedeciendo al Señor; Por lo que el Padre retiró Su mano de protección y bendición que tenia puesta sobre ellos.
Jehová envía un ángel a hablarle a Gedeón y decirle que sería el libertador de Su pueblo; Y este se levantó después de cierto titubeo derribando de una vez los altares a Baal.
Dice Jueces 6:7-10 Cuando los israelitas pidieron al Señor que los librara de los madianitas, les envió un profeta que les dijo: Yo los saqué a ustedes de Egipto, donde eran esclavos, y los libré de quienes los oprimían...y les di la tierra de ellos. Les dije que yo soy el Señor su Dios, y que no tuvieran miedo de los dioses de los amorreos...pero ustedes no me hicieron caso.
La desobediencia conduce al extravió. 
Aquel pueblo no solo idolatró dioses extranjeros sino sus propias posesiones, y comenzaron una vida desordenada sin temor a Dios, creyendo que no vivirían las consecuencias de sus pecados.
Hasta que ese pueblo no reaccionó en arrepentimiento y renunció a aquellos dioses ajenos, no pudieron disfrutar de su cosecha y el fruto del esfuerzo de sus manos- Pues aquella situación era la que le daba derecho legal al enemigo de robarle su bendición.
Dice Isaias 62:8 El Señor ha jurado por Su diestra y por Su fuerte brazo: Nunca más daré tu grano por alimento a tus enemigos; Ni hijos de extranjeros beberán tu vino nuevo por el que trabajaste.
Así que, ¡reaccionemos! Si estamos experimentando una fuga de provisión en nuestras vidas, no es porque el enemigo sea mas fuerte que nosotros; Porque lo que el Padre ha establecido que es nuestro y el fruto de nuestro esfuerzo, nos pertenece legalmente ante El. 
No fuimos diseñados para vivir en miseria ni resignados a la derrota, sino para tener abundancia de bien. 
Vamos a ponernos a derecho con el Eterno y desalojemos la idolatría de nuestro corazón, de nuestra casa y de nuestra nación.

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