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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una Muerte Anunciada…



Proverbios 16:18 Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída la altivez de espíritu.

Una de las áreas con las que más trata Dios en nuestras vidas es con nuestro carácter. ¿Quién más que él que nos conoce, para saber qué debemos cambiar y qué no? Pero tenemos áreas que se resisten a ser domadas por nuestro Hacedor, porque las hemos convertido como en un mecanismo de defensa para sentirnos invulnerables e impenetrables ante los embates de la vida- creemos que si asumimos ciertas actitudes, los demás no nos harán daño; y  entre esas actitudes y mal carácter que Dios quiere erradicar en nosotros está “la altivez”.
El diccionario bíblico describe La Altivez o Soberbia son un deseo y pretensión de autosuficiencia y auto exaltación, es decir, son la antítesis total a la humildad. Una de las características del altivo es que no reconoce su dependencia del Creador o solo lo hace en ocasiones y mucho menos reconoce la  interdependencia.
Casi todos sabemos que no nos conviene este estado, pero la realidad es que muchos creyentes pasamos por él. Regularmente pasa cuando en cierta etapa de nuestra vida nos sentimos tan seguros y capaces o vulnerables quizás, que nos vamos al otro extremo y perdemos la comunión con Dios, llegando al punto que hacemos que la gente se aleje de nosotros. Dice: Salmos 138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, más al altivo mira de lejos.
El orgullo y la altivez son la raíz de todo conflicto, y es a lo menos que le prestamos atención para combatirlo. Con esta posición de enaltecimiento nos sentimos superiores a los demás al punto de tratarlos con indiferencia, como si no fueran dignos. El pensamiento básico de las personas dominadas por esto es: “Yo soy mejor que tu” o “No te quiero mostrar cuán vulnerable soy, por eso me muestro inquebrantable”.
Cuando Jesucristo llamó a sus discípulos les dijo claramente, en: Marcos 9:35 Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos y servidor de todos. Si nosotros pretendemos ser Sus discípulos, enmarquemos nuestro carácter en esta enseñanza. Los discípulos en su posición de líderes religiosos eran propensos a tener la tendencia a exaltarse o a ser engreídos por los privilegios que gozaban o por los talentos o posiciones que ocupaban respecto a Jesús; Por eso el Señor sabiamente los ubicó a tiempo.
Las características del Reino de los Cielos y Su cultura para nuestras vidas son totalmente opuestas a las que plantea esta sociedad y esta cultura. Este sistema como que les diera licencia para maltratar y abusar de los demás, a los líderes o a los que están en eminencia. Así que: No nos dejemos engañar, ese es el plan del príncipe de este mundo “Satanás”; no olvidemos como Luzbel quiso ser semejante a Dios y poner su trono por encima de Dios en base de engaños- así sedujo a Adán y a Eva en el huerto del Edén. Dice: Proverbio 16:5  Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune.
La altivez es como una máscara que usan los débiles para no descubrir sus carencias o debilidades. Parecieran triunfadores de la vida, pero la realidad es que ellos son personas altamente fracasadas que necesitan exhibir sus talentos y ser vistos para sentirse aprobados y queridos.
Cristo nunca anduvo con una pancarta diciendo quien era o buscando gente para demostrarle Su poder; todo lo contrario, la humildad siempre lo caracterizó y nunca lo enfermó el poder que tenía. No trató a los demás como empleados sino como iguales a él, a pesar de que estaba claro de quien era. La actitud correcta es ésta que resalta: Filipenses 2:3,4 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a el mismo, no mirando por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.


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