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martes, 23 de diciembre de 2014

El Mundo Entero 
No Vale Nada


Marcos 8:36 ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?

Nosotros regularmente demostramos gran cuidado por las cosas terrenales o materiales, como: nuestras pertenencias, nuestro dinero y nuestras posiciones ante la sociedad.
Si por ejemplo, un vecino está en peligro por un incendio en su casa, quizás arriesguemos nuestras propias vidas para rescatarlo. Pero a veces no demostramos ningún cuidado por las cosas espirituales. Si reflexionamos un poco más allá, y nos preguntamos… Si el alma de ese vecino está en peligro de irse al infierno, ¿qué hago? Si mi propia alma está en peligro, ¿qué haría? Dice: Mateo 16:26 Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
Entonces ¿Cuánto valor está dando a su alma? ¡¿Vale más que el cuerpo?! Mateo 10:28 dice: Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
Es importante entender la frase: “El mundo”. En la biblia se usa esta palabra en varios sentidos. Tenemos una definición que podemos tomar como norte en esta oportunidad: En 1 Juan 2:15-17 dice: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
El Mundo consta de tres elementos: los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida. Es sencillo, si algo nos da placer, aparentemente es “bueno”. Si algo nos parece desagradable, pensaríamos que es “malo”.
Estudiemos estos tres elementos:
1) “Los deseos de la carne”: son los apetitos desordenados carnales, como: promiscuidad, alcohol, vicios, vanidad, pasiones desordenadas, etc. Dice: Romanos 13:14 Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. Y la única forma de hacerlo es llevándolos a la cruz. Dice: Gálatas 5:24 Pero los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. La palabra "crucificar" indica que en nuestro arrepentimiento nos divorciamos del pecado y ya no vivimos para darle solo el gusto a la carne porque nuestros deleites vienen a ser otros.
2) “Los deseos de los ojos”: vienen siendo al amor de las riquezas y la codicia; como cuando volteamos a ver lo que no se debe: la esposa u esposo de otro con deseo mal sano. Dice: Proverbios 4:25 Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes adelante. Es una determinación de no distraerse ni desviarse, así como el pacto de integridad dicho en: Job 31:1,2 Hice pacto con mis ojos; ¿cómo pues había yo de mirar a una virgen? Porque ¿Qué galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?
Pero por otro lado está la codicia basada en el amor al dinero. Dice: 1 Timoteo 6:10 Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
3) Y “la vanagloria de la vida”: que es la búsqueda del honor y el poder terrenal, como: la jactancia, el reconocimiento de los hombres y el orgullo. Dice: 1 Corintios 1.26-31 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloríe, gloríese en el Señor.
Nosotros no tememos las leyes porque las obedecemos, sino porque necesitamos saber cómo orientar nuestra vida; sabemos que el que constantemente viola las leyes tiene que temer siempre, pues existe la posibilidad de que lo aprisionen y castiguen por su desobediencia. Lo mismo está latente en el reino espiritual- El que violenta las verdades Divinas y pretende vivir a su manera, la consecuencia será “Perder su alma”. Dice: Marcos 8:37 Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
Definitivamente el hombre cae en la esclavitud cuando diviniza o absolutiza los placeres del mundo, el poder, la posición, el sexo, el dinero o cualquier creación de Dios; incluso su propio ser o su razón humana.
Tengamos en cuenta que Dios mismo es la fuente de la liberación de todas las formas de idolatría, porque la adoración de lo no adorable y la absolutización de lo relativo llevan a la violación de lo más íntimo de la persona humana “nuestra relación con Dios”.
Pongamos nuestra vida en la balanza divina y pidámosle al Señor nos ayude a tener el orden correcto.


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