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lunes, 15 de diciembre de 2014

Mi Palabra Debe ser
Un Documento


Santiago 5:12 Sobre todo, hermanos míos, no juren: ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa. Cuando digan Sí, que sea sí; y cuando digan No, que sea no, para que Dios no los condene.

Te lo prometo, te doy mi palabra, Delante de Dios, te lo garantizo, te lo juro.
Todos estos y otros más son tipos de juramento- Algunos de ellos disfrazados y se utilizan livianamente, olvidando que harán que caigamos en juicio con Dios.
“No debemos practicarlo ni demandarlo de los demás”.
En esta porción de Santiago hay un llamado a ser responsables, sinceros y firmes con lo que afirmemos y nos comprometamos. Como lo dijo el proverbista en: Proverbios 23:23 “Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia”.
Jurar: es todo aquello que se afirma o se niega poniendo a Dios por testigo. No necesariamente debemos decir literalmente “Lo juro” para que sea visto como un juramento. Normalmente los que acostumbran a hacerlo, pretenden confirmar o reforzar lo que dicen, dándole mayor énfasis a lo que se afirma para así poder persuadir o al oyente. Dice: Zacarías 8:16  Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas.
 Y Santiago 5:12 en Mateo 5:33-37 dice que: Además habéis oído que fue dicho a los antiguos; No perjurarás sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí o no, no; porque lo que es mas de esto, de mal procede.
La veracidad tiende a ser algo tan raro en este tiempo, que parece que siempre debemos finalizar con un juramento para que lo que digamos sea creíble; pero si dijéramos siempre la verdad, no tendríamos necesidad de respaldar todo el tiempo nuestras palabras- La falta de integridad ha llevado al hombre a esto.
A veces el problema radica en que pretendemos complacer a todos y no aprendemos a decir que “No” o “Si”; aunque sabemos que más adelante les vamos a quedar mal. Le estamos dando nuestra palabra a esa persona por pena o por  emocionalismo, en base a una mentira y al final no cumplimos con el compromiso.
La mentira y el engaño continúan alimentando las fuerzas del mal en los corazones humanos; Por consiguiente, la verdad está en riesgo todo el tiempo.
Sin embargo la vida del colectivo no puede sobrevivir sin ella pues ya forma parte de la cultura de este mundo.
Hoy en día estamos viviendo una crisis de confianza. Los políticos mienten, los comerciales esconden la verdad acerca de los productos en letras minúsculas, los padres enseñan a sus hijos a mentir y muchas cosas nos invitan a participar de la mentira. Por ejemplo: si vamos a comprar una póliza o un seguro de vida, no podemos decir que padecemos ninguna enfermedad porque no nos lo venden; todo se ha convertido en una debacle de la honestidad. Y nosotros los creyentes necesitamos nadar contra la corriente de este mundo para poder vivir según el diseño de Dios. Dice: Romanos 12:21 No debemos ser vencidos de lo malo, sino vencer con el bien el mal.
Siempre nuestra honestidad va a ser puesta a prueba, es semejante a la técnica que se usa en la minería para distinguir diferentes clases de metales que tienen una apariencia similar. Bajo la luz ultravioleta, metales que se veían iguales, cobran su verdadera apariencia; entonces se pueden clasificar en base a su reacción bajo la luz. Así somos bajo la luz de Cristo y Su Palabra- Es probada la congruencia de nuestras palabras y hechos.
Pensemos bien cuando vayamos a dar nuestra palabra y a comprometernos en algo o a dar un sí o un no. Seamos personas confiables, guardemos nuestras espaldas y celemos nuestra comunión con Dios.

¡Guardemos nuestra integridad!

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