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viernes, 12 de diciembre de 2014


La Gloria Humana


2 Timoteo 3:2 Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios…

La vanagloria, la sobreestimación o la jactancia, junto a otras palabras de la misma familia tales como vanidad, orgullo, fanfarronería y engreimiento; describen tendencias en el carácter y del espíritu de gentes a quienes Dios reprueba. Y esas características son unas de las más notorias del hombre en la actualidad.
Una vez escuché a un predicador decir: “Ese joven tiene muchos dones y talentos… el problema, es que él lo sabe”.
Si en verdad se nos fuese iluminada, la Palabra en: Mateo 20:25-28 "Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de la naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". Nos daríamos cuenta que este es el lenguaje y verdadero orden del Reino de los cielos.
Si el Señor nos dota y nos bendice, no es para vanagloriarnos, ni para que nos sintamos orgullosos, ni mucho menos para enseñorearnos de los que están por debajo de nosotros, simplemente es: “Para servir y dar nuestra vida en rescate por muchos”
A los seres humanos nos gusta ser reconocidos, pero en esa búsqueda de respeto y reconocimiento excesivo muchos han perdido el norte y hasta el sano juicio. Mateo 22:12 nos recomienda dar a cada uno su lugar, pero no dar la gloria que solo le corresponde al Señor, a nadie. Dice: A cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios.
El engreimiento o vanagloria es una forma disimulada de tratar de quitarle la gloria que le corresponde solo a Dios. Así que mucho cuidado, porque la línea entre nuestra autoridad como líderes espirituales, que amerita respeto y consideración, y la de darle la toda la gloria a Dios es muy delgada.
Me agrada la humilde expresión de una amiga muy pintoresca y folklórica cuando me dice: ¡Mi hermana, si Dios usó la quijada de un burro para derrotar a los filisteos, No va a usar a esta burra entera! (refiriéndose a ella, cuando Dios la usa) Da risa, pero sé que está bien ubicada en cuanto a su posición en el Reino de Dios. Y es una líder de la iglesia a la que asiste, pero no se ha enfermado con la vanagloria. Ella sabe que no es una burra, solo usa la expresión para afirmar que solo somos instrumentos en las manos de Cristo y que él hace con quien quiere, lo que quiere.
El lenguaje del cielo y el plan de Dios para Sus hijos son: La sencillez, la humildad y el servicio, entre otros; Eso es lo que en realidad hace al hombre “Grande”. Y cuando está más rendido ante el Señor, es más virtuoso según Él y por ende se mantiene dándole la gloria. Dice: Marcos 9:35 Si uno quiere ser el primero, sea el ultimo de todos y el servidor de todos.
 Y algunas personas adineradas o quienes han triunfado en la vida y gozan de ciertos privilegios, son dadas a la jactancia; al ver a los demás por encima del hombro, porque llegan a creer que el dinero, los títulos o las posiciones los hace mejores o más que los demás. El orgullo y la intolerancia los sitúan en un lugar tan alto de engreimiento, que por nada se bajan a buscar ayudar en las necesidades de otros- sino que presumen de su supuesta bendición o grandeza. Dice: Proverbios 26:1 Como no conviene la nieve en verano, ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra.
Ciertamente, es legítimo considerar nuestro trabajo, talentos o habilidades como un logro personal. Pero recordemos lo que dice: 1 Corintios 15:10 Pero por gracia de Dios, soy lo que soy; y Su gracia no ha sido en vano para conmigo. Y  lo que dice en: 1 Corintios 1:31 El que se gloríe, gloríese en el Señor. Esta debe ser la terapia cada vez que nos sentimos enaltecidos o cuando nos veamos tentados de caer en vanagloria.

Se trata de canalizar la gloria a quien la merece, “Jesucristo”.

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