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martes, 30 de diciembre de 2014

Enfréntala ¡Huyendo!


1 Corintios 6:18 Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona cometa, quedan fuera del cuerpo; pero el que cometa inmoralidad sexual, peca contra su propio cuerpo.

Muchos afirman que tienen derecho de hacer con sus cuerpos lo que quieran. Y aunque piensan que eso es libertad,  la verdad  es que son esclavos de sus deseos, caprichos y sus pasiones desordenadas. “Porque pecan contra Dios y contra su propio cuerpo”.
Este verso dice claramente que no debemos prestar nuestro cuerpo para inmoralidad sexual, es más, da una espacie de mandato de manera imperativa ¡Huid de la fornicación! y esto indica acción. Del mismo modo que nos apartamos del fuego y del carbón, que nos queman y nos manchan, así debemos apartarnos de este vicio, con el que nadie puede jugar o dárselo de fuerte, porque lo llevaría a la ruina y a la perdición. Dice: Proverbios 6:27,28 ¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan, andará en hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?
La fornicación es un fruto de la carne; es una inclinación perversa y depravada, porque aún saliendo airosos de ciertas situaciones comprometedoras, los pensamientos quedan enlodados y en grave peligro de incidir. Debemos entender que este pecado esclaviza a la persona que lo practica- Nunca podemos decir, lo hare solo una vez y ya.
Les explico: Estudios científicos han llegado a la conclusión, que las relaciones sexuales ilícitas son adictivas; este tipo de prácticas generan ciertas sustancias en el cuerpo humano que producen mucho placer (más de lo normal). Los estudios revelan que este tipo de prácticas pueden llegar a ser incluso más adictivas que las mismas drogas. Es por eso que Dios muy sabiamente nos manda a “huir”- A salir corriendo.
Además, el pecado de fornicación denigra y daña el alma del ser humano. Lo lleva a hacer cosas que nunca se imaginó que haría, corrompiendo su propio cuerpo y cauterizando su mente, llegando al punto que no lo acuse su conciencia, sino que esto se convierta en una práctica normal en la que no ve el pecado. En Una “Mente reprobada” por Dios.
Si coqueteamos con el pecado o nos gusta seducir y luego hacernos los inocentes…no nos quejemos después, si nos da un zarpazo y caemos.
Esto no debemos verlo como un tema religioso, pero tampoco como algo que abunde en nuestras conversaciones. Dios mismo lo indica en: Efesios 5:3 Pero fornicación y toda inmundicia y avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. No es un tema censurado, pero entre novios o entre hermanos de sexos distintos que se estén conociendo, no debería ser el tema principal o el más común de sus conversaciones.
La filosofía de "probar el zapato antes de comprarlo" es un engaño. En vez de mejorar el matrimonio, lo perjudica porque es señal de debilidad y crea sospechas. Muchas mujeres se han dejado engañar con estas palabras y después se sienten humilladas y usadas. Por su error quedan perjudicadas sus futuras posibilidades de matrimonio y muchas veces se les aplica el refrán, "Caballo malo es difícil de vender". A veces la mala fama le sigue por  toda la vida. Por eso, para tener la frente en alto, hay que hacer las cosas bien hechas en el orden divino. Dice en: Proverbios 5:15-19 Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, Y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre. “El amor verdadero sabe esperar”.
1 Corintios 6:16 donde dice: “El que se une a una ramera, un cuerpo es con ella”; Se cumple la palabra cuando dice “Los dos serán una sola carne”…No solo en la unión matrimonial se hacen una sola carne; en el matrimonio se unen bajo bendición, pero en la fornicación lo hacen bajo maldición.
En el momento que se produce la fusión corporal y sexual, también se produce la espiritual;  Todo lo de uno pasa al otro “vienen a ser uno solo”; las frustraciones, las ataduras, los demonios, etc. Se traspasan a la otra persona con la que se tiene la relación sexual y viceversa- Entonces, ¿se imaginan a las personas que tienen como deporte la fornicación? ¡La carga espiritual que llevan es grande!, porque perciben todo lo de cada una de las personas con las que se hacen UNO. Normalmente caen como en un ciclo, en el que hasta ellos mismos se desconocen.

El Espíritu Santo está dispuesto a darnos la salida cada vez que seamos tentados, pero queda de nosotros el huir y no volver. Hagamos un pacto de pureza sexual con nuestro Dios como templo Suyo que somos y vivamos en santidad.

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